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El camino. Primera parte

El tiempo no ha conservado el nombre de nuestro héroe. Lo llamaremos Troy.
El tiempo no dejó una marca en el calendario. Vamos a suponer que el Año Nuevo y la Navidad estaban cerca.
El tiempo no retuvo algunos de los detalles cuando Troy estaba solo en la carretera. Pero seguiremos contando esta historia exactamente como la escuchamos de un comerciante en un mercado cerca de Ciudad de Roca. La historia de cómo poco en nuestra vida depende de nuestros planes.

***

Troy era un mecánico ordinario y, para ser honestos, había muchos más como él en Wasteland. Se levantaba al amanecer y recorría todo el pueblo hasta el garaje, donde trabajaba hasta que todo el cielo ya estaba sembrado de miríadas de estrellas.
Esa noche, como tantas otras anteriores, colgó un candado en las endebles puertas de hojalata del garaje y, silbando una sencilla melodía, se fue a casa atravesando la plaza principal del pueblo. En casa, le esperaba una modesta cena, pero preparada por su futura esposa con productos comprados en el mercado en lugar de un salario.

Ninguno de los raros transeúntes que había a estas horas prestó atención al vehículo blindado que llegó de las montañas del este. No había logos de facciones en los laterales del vehículo, y no había banderas enrolladas alrededor de la antena. Esto convertía a su conductor en un superviviente común en busca de refugio, si no fuera por el Triturador ubicado en el capó, que cubría la mitad de la placa del blindaje frontal.
La puerta del vehículo blindado se abrió y la suela gruesa de una bota militar se hundió en el suelo. El conductor no iba dejar el vehículo, estaba buscando a tientas en el asiento del pasajero, como si estuviera recogiendo documentos esparcidos por la cabina. Pero tras ocho segundos apareció una mano en la apertura. Tenía una clavija de metal sujeta, con una pequeña caja en la parte superior. Con un movimiento brusco, el extremo afilado de una varilla de metal se clavó en la piedra de arenisca a un par de centímetros de la bota del extraño.
Todavía nadie le había prestado atención. Hay muchos locos hoy en día. La puerta del vehículo se cerró de golpe, el motor rugió y el vehículo blindado salió corriendo hacia el oeste, ganando velocidad a cada segundo.
Más tarde, Troy revivió esta escena en su cabeza varias veces, vista solo por el rabillo del ojo.

La primera explosión ocurrió en algún lugar a las afueras del pueblo, pero todo el mundo la escuchó. El cielo de ese lado se volvió carmesí. Aquellos que estaban despiertos se quedaron petrificados, los que estaban dormidos se levantaron de un salto de sus camas. Hubo un silencio tan estremecedor que uno podía escuchar a alguien en una de las casas preguntar con cautela: “¿Soy solo yo o me ha parecido oír una Mandrake cerca?”. Nadie recibió una respuesta, un aluvión de proyectiles cubrió el pueblo. Cayeron tan caóticamente, salpicando charcos ardientes alrededor, que era imposible esconderse deliberadamente de ellos.
Troy entendió esto y simplemente corrió recto, ignorando el fuego bajo sus pies, sus botas podrían sobrevivir a cosas peores. Comprendió que cualquier proyectil que cayera cerca era una muerte segura. Pero siguió corriendo y corriendo, porque solo había un pensamiento palpitando en su cabeza: “Mei, Mei, Mei”.
No vio el momento en el que el proyectil golpeó su casa. Cuando llegó allí, solo quedaban contenedores rotos en pedazos frente a él, de los que fluían ríos de fuego. Era imposible sobrevivir en este infierno. El mundo entero, todo lo que amaba, había dejado de existir en esas decenas de segundos de carrera. Se quedó paralizado, mirando desesperado delante de él. Las explosiones sonaban cada vez menos frecuentemente y los gritos de los pocos supervivientes no llegaban a sus oídos. Desgarrado por el vacío que se había formado tan abruptamente en su interior, cayó de rodillas y luego se tumbó por completo, con la cabeza apoyada en la arena caliente. Las llamas bailaban en sus ojos, los puños apretados en un ataque de rabia ciega, y la elusiva silueta de un hombre en un vehículo blindado con el Triturador, con pesadas botas militares, se asentaba en su cabeza.

El daño al pueblo fue colosal. Por una casa que había logrado sobrevivir, hubo tres destruidas. Incluso el garaje lo logró, aunque había leyendas de que era como un búnker, hecho de cemento especial. Se rompió el techo y un proyectil que explotó en su interior destruyó la mayoría de los componentes electrónicos, destruyó por completo un vehículo blindado y dañó gravemente otro.
Troy se encerró en su garaje durante siete días. Durante esos siete días, se escucharon desde allí los sonidos de trabajar con metal con raras interrupciones. Durante esos siete días, los vecinos supervivientes acudieron a él todos los días. Algunos le pidieron ayuda, otros le ofrecieron la suya propia. No le abrió la puerta a nadie. Lo que estaba construyendo allí seguía siendo un misterio para ellos - en la octava noche, a la hora del lobo, cuando la mayoría de ellos dormían profundamente, empujó su vehículo blindado fuera del pueblo sin encender el motor. Como siempre, después de un tiempo hubo testigos. Algunos afirmaron que su vehículo blindado tenía la forma de una bestia, otros que era un camión y otros generalmente recordaban una moto, como la de la portada de una revista que se encontró recientemente en una fábrica cercana. Lo único en lo que estuvieron de acuerdo fue en que Troy se dirigía al oeste.


***

La historia de Troy definitivamente continuará. Y para alegrar la anticipación de la siguiente parte, os anunciamos una cadena de concursos rápidos. Empezarán el 4 de diciembre en nuestro grupo oficial de Facebook. En este concurso podrás ganar tanto coins, contenedores y mini-packs, así como pegatinas, emblemas, decoraciones y un retrato.


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1 diciembre 2020
Historias